miércoles, 5 de noviembre de 2014

Si la Barbie fuera humana... ¡No podría caminar!

Hoy os traigo un Post un poco diferente, llevo un tiempo queriendo escribir sobre esto, ya que, como sabéis todo este Blog gira en torno a la Mujer. Así que este post es muy especial, ya que lo dedico a todas las mujeres, ¡espero que os guste!



¡Si la Barbie fuera humana, no podría caminar!






Típico, abres una revista de moda y allí está. La mujer “perfecta”. Y tú vas y piensas, “me encantaría estar como ella”. A veces, sin darte cuenta, te encuentras a ti misma pensando “¿Qué tendría que hacer para estar así?”, o “Si me pongo a dieta el lunes...”. A lo mejor esto te pasa más a menudo de lo que debería.... Si te sientes identificada, tengo una pregunta – muy importante – que hacerte: ¿Sabías que si la Barbie fuera humana, no podría caminar?


Cuando era pequeña, me encantaban las Barbies (de hecho, aún guardo alguna que otra, por los viejos tiempos). Mi sueño, era ser como mi Barbie favorita. No la llamaba Barbie claro, cada semana le cambiaba el nombre y pensaba “ojalá cuando crezca, sea tan guapa como ella”. ¡Menos mal que mi hada madrina no me concedió ese deseo! ¿Por qué? Te explico: Leí en una revista algo que me llamó mucho la atención: “Si la Barbie fuera humana, no podría caminar”, al principio pensé que sería alguna broma y al indagar un poco, ¡no te imaginas lo que descubrí!





Érase una vez, una niña en un lugar llamado Estados Unidos, que era como yo, muy fan de sus Barbies. Al crecer, se tomó demasiado en serio el convertirse en una, y terminó con graves problemas de disfunción alimentaria (tranquila, que tiene un final feliz). Una vez estuvo recuperada, tuvo la más original de las ideas: Crear una muñeca a escala humana, siguiendo las proporciones de la Barbie. ¿El resultado? Un ser deforme, que de existir en la realidad no sólo daría miedo, sino que tendría que valerse de manos y pies para sostenerse (tendría que andar a cuatro patas). ¿Qué te parece? Resulta que mi muñeca favorita, no es tan perfecta como pensaba. Ahora me dirás: “Me acabas de tirar por tierra, un mito de mi infancia”, pero, oye, míralo por el lado positivo: ¡Eres más perfecta que la Barbie! Y eso es algo que, seguro, nunca habías pensado, ¿verdad?






Y ahora dirás, bueno pero no es lo mismo, las modelos de las revistas no andan a cuatro patas. Vale, eso es verdad, pero ¿Y si no son tan perfectas como crees? Digamos que abres una revista, y ves a una de esas modelos de metro ochenta, que resulta que pesan lo mismo que tú (que mides unos 20 cm menos). Pensarás que el problema lo tienes tú, que ella está perfecta y tú, deberías estar como ella. Estás actuando igual que yo con mi Barbie. Quizás, si te digo “el césped del vecino siempre parece más verde que el nuestro” entiendas un poco más lo que te intento decir.







Está muy bien querer mejorar, y es inevitable que nos fijemos en otras personas para ello. Sin embargo no todo lo que reluce es oro, y nunca sabes lo que hay detrás de una foto, (probablemente mucho Photoshop y mucho maquillaje). Así que mi consejo es: No intentes encajar en un estereotipo, sólo porque creas que eso te hará más perfecta, no intentes ser una Barbie, porque entonces... ¡no podrás caminar! (metafóricamente hablando, claro).


Quizás, si todos viéramos a la Barbie real, los estereotipos de mujer de plástico desaparecerían, y las verdaderas mujeres perfectas serían las de carne y hueso, mujeres con perfecciones e imperfecciones (¡y que no tendrían que andar a cuatro patas!).





“¿Qué hay de malo en querer tener un tipazo?” me preguntas. Nada de malo querida lectora, lo malo es querer convertirse en una muñeca de plástico, o en una foto de revista. Y ya no sólo te hablo de lo nocivo que es para tu salud (que también lo es), sino de que probablemente termines frustrándote en un imposible. Y en ese arduo camino, muy poco productivo, puedes terminar olvidando lo realmente perfecta que eres.


La naturaleza nos hizo altas, bajitas, con brazos cortos, con piernas largas. Y en cuanto nos tuvo hechas, se recreó en la belleza de los detalles - en los hoyuelos que te salen al sonreír y que tanto odias, o en las arruguitas de tus rodillas, que intentas esconder a toda costa. Te hizo bien y te hizo única, y si quisiera que fueras de plástico, lo serías. Y si quisiera que andaras a cuatro patas, lo harías. ¿Que por qué te hizo así entonces? Porque te quería real, natural y preciosa. Te quería mujer y no muñeca. ¿No te parece maravilloso?


Así que te invito a que te divorcies del plástico, y hagas las paces con la realidad. No por conformismo, sino porque realmente empiezas a comprender, que no hay más perfección que la tuya, y la mía. Y que la Barbie, nos mira y no entiende porque queremos ser como ella. Te invito a que, mires con más cariño a tu césped, porque puede que el del vecino, no esté tan bien como crees, puede que, al igual que la Barbie, no pueda caminar.




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Con mucho cariño,

 Mon premier rouge à lèvres.




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